Paréntesis

miércoles, marzo 07, 2007

Parecería que escribir un puñado de palabras al aire con vagas intenciones de hacer reír es algo completamente intrascendente. Hoy me doy cuenta que no es así: una realización que nada tiene de divertido y que demuestra, por más que yo no lo quiera ver desde la nube en que vivo, que hay gente que adora sacar las cosas de contexto y usarlas como se le de la gana. En la facultad lo llaman plagio o estupidez. En aquel ‘mundo real’ del cual nos advierten desde que somos chiquitos, se llama viveza.

Cuando empecé con Catatonias, proyecto que surgió de una conversación de cinco líneas por MSN con un compañero de trabajo ("che, tendrías que escribir un blog vos" "bueno, dale"), siempre fue con el objetivo de divertir. Cosas que pasaron en la vida real dieron después origen a las columnitas de Sex and the Tortellini, y ahí conseguí lo que en marketing llamamos un público objetivo: las personas con las cuales trabajo, casualmente, las mismas personas que originalmente expresaron ciertas ganas de leer lo que yo podía llegar a pensar.

Considero que muchas cosas en mi vida se dan así, en el sentido de que siempre intento hacer reír y siempre con un fuerte sentido de auto-crítica (como pueden apreciar desde los posts mismos... ¿o a quién se creen que me refería cuando hablaba de 'la fashion' o más aún, del 'departamento de marketing'?). Por más que mi nick sea diva-in-training, soy la primera en admitir que en todo sentido soy la persona más croqueta del universo. Tengo problemas de auto-estima, como toda persona, pero estos siempre han sido con respecto a mi apariencia física y no tanto a mi inteligencia. Sí, creo que soy una mina inteligente, que tiene muchísimas virtudes y muchísimos más defectos. Y sinceramente considero que mi capacidad para reírme de todo – y en especial de mi misma – es algo espectacularmente fabuloso.

Todo esto viene a que hoy, en el trabajo, en la mitad de una reunión, un compañero abrió mi blog en el monitor súper ancho de la sala de reuniones y se dispuso a ir punto por punto del post 'Sex and the Tortellini: 10 cosas que odio sobre ti', post que en su momento ya me había hinchado las bolas lo suficiente como para considerar no hacer nunca más una columna de Sex and the Tortellini.

Realmente no sé qué intenciones tuvo esa persona, ni qué reacción esperaba de mí. La verdad es que era solamente una cuestión de tiempo antes de que alguien con quien yo no me llevara en la diaria lo encontrara y se dispusiera a leerlo (especialmente si anuncio cada vez que lo updateo en mi mensaje personal de MSN). Eso nunca me preocupó; cuando vi el header verde en la pantalla, sí, me sorprendí, pero nada más allá de eso.

El hecho no es ese. Cuando publiqué dicha entrada, algunas de las respuestas que recibí al respecto, tanto en forma de comentario como en forma de posts en otros blogs, me molestaron muchísimo. No porque alguien no estuviera de acuerdo conmigo, sino porque me pareció sumamente condescendiente el basar mi experiencia entera de un laburo – en donde ya va a ser un año y medio que estoy –, en un post con 10 puntitos (que en realidad son ocho) de cosas malas que yo también hago o, en su defecto, a las cuales yo también contribuyo.

Eso, sumado al hecho de que solamente 16 días antes había publicado un post donde no dejaba de expresar mi profundo amor por tanto mi trabajo como mis compañeros, me molestó muchísimo. El descontextualizar, para alguien tan relativista como yo, es algo que realmente no banco ni tolero. Si todos descontextualizáramos, nadie tendría perdón.

Sin embargo, no dije más de lo necesario porque no quería armar lío. Supuse que tal vez, a pesar de que me parece que fui obvia, no se dieron cuenta que al quejarme de cositas del laburo también me estaba quejando de mí misma, de cosas que presiento que los demás ven en mí como compañera de trabajo. Tal vez la auto-crítica llegó a un punto en el cual los demás se sintieron demasiado identificados, a un discurso trillado y cuasi-necesario en el ‘Uruguay quejoso’ que vivimos, y por eso me quedé con el beneficio de la duda.

Pero también, no dije nada porque estas personas presentaron sus quejas descontextualizadas, sus diferencias de opinión y sus perspectivas de la manera correcta y educada: un comment, un post, una conversación por MSN, una conversación privada cara a cara. No lo hicieron al final de una reunión de trabajo que nada tenía que ver con el tema, preguntándole uno por uno a los presentes qué opinión propia ameritaba cada punto del post.

Confieso que no soy la persona más frontal del universo al menos que tenga un pedo galopante encima. Me he confesado por MSN y por e-mail un patético número de veces para luego hacer de cuenta que no pasó nada: en cierto sentido, soy igual que el gobierno de Tabaré, tanteando el camino con cada idea que se me ocurre para luego ver si caldea el ambiente y decidir si retroceder o acelerar. Escribir siempre fue mi forma de expresión, porque por más comunicadora social que sea, hay una muy buena razón por la cual mis notas en periodismo radial dejan mucho que desear, al menos que no haya un guión por medio. Escribir es lo mío.

Como esto es un tema del blog – y tal vez medianamente un tema del trabajo – planteo mi versión, mi posición, en el blog que dio origen a esta situación. Tal vez sea un intento patético por resolver algo sin tener que hacerlo cara a cara, o posiblemente es que lo que pasó me desconcertó tanto que solamente ahora, un martes a las 4 de la mañana, puedo darme cuenta que esto no fue algo menor. Y que mi molestia se tornó en puro y simple enojo.

Sinceramente, no entiendo con qué objetivo un simple compañero de trabajo intentaría reírse de mí a través de un post durante una reunión de trabajo. En serio, si alguien lo sabe, que me lo diga. Una cosa es que yo me ría de mí misma o que mis amigos se rían conmigo de mí misma. Otra cosa – muy diferente – es que alguien con quien tengo una relación estrictamente laboral se ría de mí y urja a los demás presentes a también hacerlo, en un ambiente que no es el indicado, con las últimas personas que debería hacerlo y de una manera que roza en la falta de respeto.

Otra cosa es que lo haga bajo la excusa de que como manager le gustaría saber qué quejas tienen las personas de su equipo
en este caso otro manager para poder mejorar. Es casi insultante, o por lo menos para mí lo es, insinuar que si algún día realmente no me gusta cómo se hacen las cosas no voy a ir directamente a decirlo. Me resulta irritante que haya descontextualizado una columna cibernética – un chiste – como método súper archi mega genial de descubrir lo que realmente pienso y, más aún, creo que mi principal queja sería, entonces, que el manager padece de extrema paranoia. Es eso o, realmente, lo que hizo fue una mera crueldad.

Con esto, dejo de hablar del tema. Porque el blog es el blog, y el trabajo es el trabajo, por más que lo último a veces sea contenido del primero. Lo escrito no se escribe durante el horario de trabajo, no está hecho para leerse durante el horario de trabajo y no menciona en ningún lugar exactamente qué trabajo es, dónde exactamente se encuentra y nunca – pero nunca – da los nombres de las personas que existen dentro de él.

Si alguien quiere decir algo al respecto, entonces, que sea fuera del trabajo. En su defecto, existe en el panel de la derecha, justo debajo de la mina en bolas, una herramienta muy útil diseñada para que quien quiera pueda comentar sin que su perspectiva sea vista por todo el mundo. Eso sí, no esperen que les conteste, ahora mismo no tengo más ganas de hablar del tema y no creo que eso vaya a cambiar ni mañana ni pasado.

En otras palabras, "mandame un mail".

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Mi parte favorita:

Una cosa es que yo me ría de mí misma o que mis amigos se rían conmigo de mí misma. Otra cosa – muy diferente – es que alguien con quien tengo una relación estrictamente laboral se ría de mí y urja a los demás presentes a también hacerlo.

sos la 1

Anónimo dijo...

Primera vez que escribo, y ni la menor conchuda idea de porque lo hago, pero me quedo la duda. Quien fue el que se mando tal cagada? O sea, posta que quede yo caliente. Anyway, tengo que seguir estudiando, son las 4:40 am y aún no termine.

Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Anónimo dijo...

Como en todo laburo - o en cualquier ámbito - siempre hay algún desubicado, que tiene miedo a que le hagamos sombra, y en vez de brillar con su luz propia, tratar de colarse en la del otro. Será lamentable, pero hace que la vida sea más divertida..........y que uno sepa bien quien es quien! Seguí como sos, con tus defectos y virtudes, riéndote con quien elijas tu, y que los desubicados sigan existiendo para que justamente veamos como NO debemos ser. Espero con entusiasmo el próximo capítulo de lo que sea!

PD: Tas segura que seguís "in training?" Yo lo dejaría en "diva".........

Walter Hego dijo...

En realidad, lo que voy a decir no tiene demasiado que ver con el asunto de la entrada que estoy comentando, pero.

Te cito: "Si todos descontextualizáramos, nadie tendría perdón."

Eso me hizo acordar de aquello que dicen que dijo el iluminado (o Buda) Gautama Siddharta (entre otros a quienes se atribuye el aserto; podría ponerme a buscar en Google pero justo ahora no me dan las bolas y, de última, no tiene demasiada importancia): "Comprenderlo todo es perdonarlo todo".

El contexto (todo el contexto) es imprescindible para comprender lo que sea o a quien sea. Conocer todo el contexto de lo que sea o de quien sea, con sus infinitos detalles y matices, pasados y presentes, es práctica y humanamente imposible.

Claro que uno a veces puede más o menos imaginar, suponer o inferir al menos parte del contexto que no conoce.

Y no es fácil aceptar lo que lógicamente se desprende de lo que vos decías pero a la inversa, es decir: "si todos contextualizáramos, todos tendríamos perdón".

Yo lo creo. No, rectifico: yo estoy totalmente seguro de que es así. Para mí, todos hacemos lo que podemos, lo que es nuestro "destino". (Lo pongo entre comillas porque me parece que mi idea del "destino" seguramente no coincide con la que mucha gente tiene; si te interesa saber cuál es mi concepto de "destino" te remito a la siguiente entrada de mi blog, para no hacer de este comentario un mamotreto mayor del que ya es: http://dontresuscitateatall.blogspot.com/2007/02/curiosa-la-chica.html).

Nada, eso, que todos tenemos perdón porque todos hacemos aquello a lo que estamos predestinados y sólo aquello a lo que estamos predestinados.

Y si dije que no es una idea fácil de aceptar, aunque uno esté intelectualmente de acuerdo en un todo, es porque a cualquiera de nosotros se nos pueden ocurrir ejemplos cercanos -en el tiempo y en el espacio- de personajes por los cuales uno siente cualquier cosa menos disposición a "perdonarlos", ¿no? En la tan en boga "historia reciente" de Uruguay, sin ir más lejos, hay nombres como Gregorio Álvarez, por mencionar el que se me viene a la cabeza en este momento.

Monstruos y santos (una proporción ínfima de la humanidad); personas del montón, gente promedio (la inmensa mayoría de nsostors): todos, sin excepción, obramos (por acción y por omisión) de maneras que no podemos evitar.

Lo cual no quita, claro, que yo crea que, de todos modos y por volver al ejemplo concreto que cité, al hijo de siete mil putas del Goyo haya que enjuiciarlo y encanarlo de por vida. Aunque comprenda que el tipo hizo lo que no podía y jamás podría haber evitado hacer, porque para eso debería haber sido otro, no él, otra persona, un ser humano diferente con un destino diferente.

Lo siento, me fui al carajo, ya sé. Pero es que a veces me pongo a escribir y se me va la mano con la extensión.

¿Me perdonás? ;- )

D.I.T dijo...

Jaja, ta todo bien.

El tema acá es que estoy completamente al tanto de lo que significa el inverso a lo que dije: si todos contextualizáramos, todos tendríamos perdón. Es más, y reconozco que muchísima gente no está de acuerdo conmigo en esto, estoy de acuerdo.

No sé, culpáselo a que Siddhartha de Hesse probablemente sea uno de mis libros favoritos, o a que me educaron bajo la religión católica, o a que soy demasiado buena, como dicen mis amigos. Culpáselo a lo que quieras.

Al flaco que se desubicó - el flaco del cual hablo en este post - también lo perdoné una vez que las cosas se aclararon. Claro, ¿por qué no hacerlo? De todas maneras, si te das cuenta que con una persona vivís perdonando, te dejás de dar, por lo menos a nivel personal. Y por como se están dando las cosas, es lo que va a terminar pasando con este sujeto.

Con lo del Goyo es más difícil porque es una figura pública. Ahí me mataste, no sólo porque a mí no me hizo nada (frase llena de postmodernismo), sino porque no lo viví de cerca, aunque mi sentido de empatía comprenda que lo que hizo es moralmente aberrante. Ahí no sé que decirte. No tengo respuesta a todo, che :P

Anónimo dijo...

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