Como seguramente ya se hayan enterado a través de mi flamante cuenta de Twitter, estoy organizando los Premios Catatonias al Patético Mundo del Twitter Uruguasho (o algo así, no me acuerdo del nombre oficial que le puse). Pueden encontrar todas las categorías en el sitio www.cosaslindas.com. Pero, sin embargo, empero, existen muchas dudas aún de cómo votar y toda la marencoche, así que pensé hacer un post acá explicando bien. Ahí va.
¿Cómo voto?
Votar es simple. Sólo tienen que elegir a un usuario para cada categoría y tweetear el voto asegurándose de mencionarme o a mí (@catatonias) o el hashtag #premioscatatonias. Cuando empezamos se podía solamente votar una categoría por día pero como yo estipulé que puedo cambiar las reglas cuando se me antoje, ahora decidí que pueden votar por la categoría que quieran. Eso sí, los ganadores van a seguir siendo anunciados uno por día de la semana. Por ende, el tweet votador te va a quedar algo así:
"Voto a @fulanito como Twittero del Año para los #premioscatatonias".
Con eso ya basta. Ya hay tres categorías con ganador, por lo que quedan 5 categorías donde se puede seguir votando. Para hacerlo podés también usar los siguientes botones:
Twittero del Año
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Twittero Revelación
Tweet
Twittero más calientachorizo/calientaempanada
Tweet
Twittero al que secretamente le queremos dar
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Premio "Alma del Vashey"
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¿A quién puedo votar?
A cualquiera. Posta. No hay etapa de nominación, no hay opciones y podés votar a todos los que quieras y que pienses se merecen el premio.
¿Cuántas veces puedo votar?
Las que quieras. Encima podés votar a más de un usuario por premio. Eso sí, solamente podés votar al mismo usuario una vez por premio. Nada de darle 2 a @fulanito y 1 a @fulanita por afinidad más que nada.
¿Qué son los premios?
Los ganadores de los premios se llevan cada uno una remera a medida con el logo divino de Catatonias atrás y adelante un mensajito personalizado.
¿Qué es el trivia?
En momentos de ocio donde me embolo mucho, me pongo a hacerles preguntas a quienes me sigan sobre mí, porque soy una persona fascinantemente interesante y obviamente todo el mundo conoce hasta el más íntimo detalle de mi vida. El primer usuario que contesta correctamente a cada pregunta se gana un punto y, al final de los premios, el usuario con más puntos acumulados se gana un premio catatonias al conocimiento extremo.
¿Esto no es una terrajada?
Salado, es el equivalente al marquee de geocities. Pero bueno, la gente se colgó y contar palitos en un bloc de notas no es difícil.
¿Quién hizo el sitio de los premios?
El sitio de los premios (www.cosaslindas.com) lo hizo @Pablo_Massa porque se le cantó. El dominio no tiene nada que ver porque es uno que había comprado con una amiga para armar un mini-emprendimiento. Por favor no le digan nada a mi amiga, ya que no tiene idea que estoy usando el dominio para eso. Gracias totales.
lunes, noviembre 21, 2011
martes, septiembre 06, 2011
Tránsito tímido
El siguiente post es en realidad una versión recauchutada del guión para el stand-up de Patricia que iba a hacer para demostrarle a todos de que las mujeres podemos a veces ser graciosas. La consigna era "Lo que importa es lo de adentro" y, al escucharla, me pregunté a mí misma: "¿Qué tengo adentro?". La primera cosa que se me ocurrió como respuesta fue caca. Así que here goes.
---
Hola me llamo Tefa, tengo 27 años y no puedo cagar en baños ajenos. Es cierto y mucho más común de los que ustedes creen. Confieso que muchas veces he tenido que hacerlo, pero siempre lo evito, digamos que como a la plaga. Bah, con la diferencia que a la plaga sí la pude evitar toda mi vida.
Es que hay tantas cosas que pueden salir mal en un baño ajeno. Por ejemplo, y aunque no lo crean, hay gente que no guarda el papel higiénico en el baño.
Vuelven del súper y piensan "Che, ¿dónde pongo el papel? ¡Ya sé! En la cocina". Mi viejo, por ejemplo, es uno de ellos. Y después uno va y lo primero que hace -bua, lo primero que hago- es visualizar el rollo de papel en uso y estimar si dará o no dará. Pero uno a veces estima mal. Y se mete en los placarcitos y nada. Se mete debajo de la pileta y nada. Y al día siguiente el dueño de casa descubre que le falta una toalla.
Es horrible, en serio, saber que te puede pasar eso. También es horrible cuando el baño queda AL LADO del living. O AL LADO del cuarto. O AL LADO de la cocina. ¿Y qué hay de la evidencia? ¿Nunca les pasó de sacar un demonio de adentro y después de tirar la cadena hay residuos del muy hijo de puta que no se quiere ir? A ver, intelectualoides... ¿cuál es la etiqueta social EN ESOS casos? ¿Darle color al cepillito al lado? ¿Meter mano con papel hasta que ni un loco de CSI pueda encontrar rastros?
Ustedes pensarán que no es tan grave, que estoy exagerando. Bueno, no. Hace poco tenía un novio que vive en Maldonado y yo vivo en Montevideo. Entonces, desde muy temprano en nuestra relación, me pasó de tener que pernoctar en su casa durante fines de semana enteros, causándome los casos de estreñimiento más graves de mi vida. Pero hubo un par de fatídicas veces en que, simplemente, no zafé.
Una vez me llevó a cenar pasta a un restaurante muy pituco. Estábamos en el postre cuando le digo 'me duele la panza'. Como todas sabrán, 'me duele la panza' es sinónimo de 'tengo un demonio dentro de mí y necesito una exorcismo wáter-closeteril'. Se sabe. En ese entonces él estaba viviendo con un amigo en un apartamento con un solo baño. Y entonces, ante el pánico, hice lo único que cualquier mujer respetable y que se precie de sí misma haría: le pedí que me llevara al Conrad. Y él se jugó unos pesitos en el casino mientras yo me encargaba del mal dentro mío.
En otra ocasión, nos fuimos a dormir y me empezaron los 'me duele la panza' pero exacerbados a la enésima potencia. No me podía dormir. Y me di cuenta que la cuestión era grave, que no iba a aguantar todo el fin de semana. Resignada, me levanté, me vestí, salí del cuarto y entré al baño.
Ahora, hay tres frases que se me destacan en la mente sobre el baño ese: la primera, 'adyacente al cuarto'. La segunda, 'potencialmente tapable como wáter de hotel paraguayo'. Y la tercera, 'retumbable'. En el sentido de que todo retumbaba. Doblaba del dolor de estómago, tomé coraje, me bajé los pantalones y me senté sobre mi amigo closet. Ni me dio el tiempo de sentir alivio estomacal antes de... ¿cómo digo esto sin dejar la finesa que tan bien me caracteriza?
Bueno, no sé, antes de tirarme terrible pedo.
Cerré el culo de inmediato. Me puse bordó y lo más probable es que me haya puesto a llorar. Pude depositar algo, pero en seguida me inhibí y todo intento sucesivo fue fútil. Pensaba en mi ex, en el cuarto de al lado, que se despierta con cualquier ruido. Pensaba en el amigo de mi ex, en el otro cuarto, que recién se había ido a dormir. Me imaginaba a mi ex con sus amigos en un asado comentando 'la vez en que la novia de aquel había entrado al baño con una vuvuzuela'. No podía seguir con esto. No podía.
Limpieza mediante, me digné a aguantarme todo el fin de semana y dormir como pudiera. Sólo que claro, mi cuerpo no estaba cooperando. A la hora, los 'me duele la panza' llegaron a niveles nunca antes visto. Solo había una cosa que podía hacer. Me digné a levantarme, vestirme, ponerme zapatos y buscar las llaves del auto. Tenía que ir al Conrad.
Pero las llaves no estaban por ningún lado. Adentro de la cartera, atrás del sofá, sobre la mesa, adentro de la heladera, en mis bolsillos, en la ducha, busqué en todos lados donde había dejado llaves anteriormente. Y mientras, mis entrañas me hacían huelga y me doblaba del dolor y mi desesperación se elevaba a niveles nunca antes vistos. Así que tomé coraje, fui al cuarto e hice lo único que podía hacer: desperté a mi ex y le pregunte dónde carajo había dejado las llaves del orto.
Mi ex, dormido, se levantó y las empezó a buscar. Y no las encontró. Evidentemente, no tuvo mejor idea que despertar al amigo a las 3 de la mañana de un miércoles para ver si él tenía idea de donde estaban. Él tampoco sabía. Al final estaban sobre la mesa del comedor, por lo que me supongo que se habían convertido en invisibles durante mi búsqueda. Mi ex las vio, me las entregó y empezó a caminar hacia el cuarto mientras yo abría la puerta.
Y, en una, detuvo su paso y lentamente se dio vuelta. Me miró con un ojo abierto y el otro cerrado. Despacito fue cobrando un poco de sentido mientras yo lo miraba con terror en mis ojos.
"¿A dónde vas?"
Lo fácil hubiese sido decirle la verdad, ya sé. Pero a esta altura, estaba petrificada de la vergüenza y no se me ocurrió nada mejor que decirle: "Confiá en mí, ya vuelvo" e irme.
"Confiá en mi, ya vuelvo". Posta. Como si fuese la mujer maravilla y me hubiesen llamado al celular implorando que fuera a salvar al mundo o algo.
Llegué al Conrad y pude llegar a su baño y durante 2 minutos fui la persona más feliz del mundo. Pero sólo duró 2 minutos porque, en el medio de mi felicidad, empezó a sonar el celular. Era mi ex. Ahora, me encontraba en otra disyuntiva. O atendía y todo el baño se enteraba de que estaba cagando en ese establecimiento por mis serios problemas mentales o ignoraba las llamadas y dejaba que mi novio se preocupara sobre la seguridad de la mujer maravilla. Obviamente, elegí la segunda. Intenté enviarle un SMS pero no lograba enviarlo. Aparentemente, la recepción en aquel baño era sólo para llamadas.
Al final lo apagué y me dispuse a continuar. Pero no podía. El celular me había cortado la inspiración y encima una brasilera estaba tirándose pedos en el baño al lado del mío. Limpieza mediante -nuevamente- salí del baño y volví al auto. En ese momento me cayeron más o menos 10 mensajes de texto de mi ex. ¿Dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Estás bien? ¿Te enojaste conmigo? Decime dónde estás y te voy a buscar. Por favor, ¿dónde estás? Y el último, muestra de su amor hacia mí: "Pedazo de pelotuda, no me digas que te fuiste a cagar al Conrad".
Volví y él estaba acostado. Me desvestí y me metí en la cama, intentando hacer lo imposible para evitar todo el suceso. Y ahí, mientras cruzaba los dedos mentalmente y mi estómago me pedía las gracias, mi ex me dijo: "¿Dónde estabas?"
"En el Conrad".
"¿Cagando?"
"Sí".
"No me mientas. ¿Tenés otro?"
"¿Otro? ¿Otro qué?"
"¿Estabas con otro?"
Y me reí. Fui re mala y me reí. Y esa fue mi primera pelea con mi ex, causada por mi peculiar trauma y demostrándome que, muchas veces, lo que uno tiene adentro apesta.
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Hola me llamo Tefa, tengo 27 años y no puedo cagar en baños ajenos. Es cierto y mucho más común de los que ustedes creen. Confieso que muchas veces he tenido que hacerlo, pero siempre lo evito, digamos que como a la plaga. Bah, con la diferencia que a la plaga sí la pude evitar toda mi vida.
Es que hay tantas cosas que pueden salir mal en un baño ajeno. Por ejemplo, y aunque no lo crean, hay gente que no guarda el papel higiénico en el baño.
Vuelven del súper y piensan "Che, ¿dónde pongo el papel? ¡Ya sé! En la cocina". Mi viejo, por ejemplo, es uno de ellos. Y después uno va y lo primero que hace -bua, lo primero que hago- es visualizar el rollo de papel en uso y estimar si dará o no dará. Pero uno a veces estima mal. Y se mete en los placarcitos y nada. Se mete debajo de la pileta y nada. Y al día siguiente el dueño de casa descubre que le falta una toalla.
Es horrible, en serio, saber que te puede pasar eso. También es horrible cuando el baño queda AL LADO del living. O AL LADO del cuarto. O AL LADO de la cocina. ¿Y qué hay de la evidencia? ¿Nunca les pasó de sacar un demonio de adentro y después de tirar la cadena hay residuos del muy hijo de puta que no se quiere ir? A ver, intelectualoides... ¿cuál es la etiqueta social EN ESOS casos? ¿Darle color al cepillito al lado? ¿Meter mano con papel hasta que ni un loco de CSI pueda encontrar rastros?
Ustedes pensarán que no es tan grave, que estoy exagerando. Bueno, no. Hace poco tenía un novio que vive en Maldonado y yo vivo en Montevideo. Entonces, desde muy temprano en nuestra relación, me pasó de tener que pernoctar en su casa durante fines de semana enteros, causándome los casos de estreñimiento más graves de mi vida. Pero hubo un par de fatídicas veces en que, simplemente, no zafé.
Una vez me llevó a cenar pasta a un restaurante muy pituco. Estábamos en el postre cuando le digo 'me duele la panza'. Como todas sabrán, 'me duele la panza' es sinónimo de 'tengo un demonio dentro de mí y necesito una exorcismo wáter-closeteril'. Se sabe. En ese entonces él estaba viviendo con un amigo en un apartamento con un solo baño. Y entonces, ante el pánico, hice lo único que cualquier mujer respetable y que se precie de sí misma haría: le pedí que me llevara al Conrad. Y él se jugó unos pesitos en el casino mientras yo me encargaba del mal dentro mío.
En otra ocasión, nos fuimos a dormir y me empezaron los 'me duele la panza' pero exacerbados a la enésima potencia. No me podía dormir. Y me di cuenta que la cuestión era grave, que no iba a aguantar todo el fin de semana. Resignada, me levanté, me vestí, salí del cuarto y entré al baño.
Ahora, hay tres frases que se me destacan en la mente sobre el baño ese: la primera, 'adyacente al cuarto'. La segunda, 'potencialmente tapable como wáter de hotel paraguayo'. Y la tercera, 'retumbable'. En el sentido de que todo retumbaba. Doblaba del dolor de estómago, tomé coraje, me bajé los pantalones y me senté sobre mi amigo closet. Ni me dio el tiempo de sentir alivio estomacal antes de... ¿cómo digo esto sin dejar la finesa que tan bien me caracteriza?
Bueno, no sé, antes de tirarme terrible pedo.
Cerré el culo de inmediato. Me puse bordó y lo más probable es que me haya puesto a llorar. Pude depositar algo, pero en seguida me inhibí y todo intento sucesivo fue fútil. Pensaba en mi ex, en el cuarto de al lado, que se despierta con cualquier ruido. Pensaba en el amigo de mi ex, en el otro cuarto, que recién se había ido a dormir. Me imaginaba a mi ex con sus amigos en un asado comentando 'la vez en que la novia de aquel había entrado al baño con una vuvuzuela'. No podía seguir con esto. No podía.
Limpieza mediante, me digné a aguantarme todo el fin de semana y dormir como pudiera. Sólo que claro, mi cuerpo no estaba cooperando. A la hora, los 'me duele la panza' llegaron a niveles nunca antes visto. Solo había una cosa que podía hacer. Me digné a levantarme, vestirme, ponerme zapatos y buscar las llaves del auto. Tenía que ir al Conrad.
Pero las llaves no estaban por ningún lado. Adentro de la cartera, atrás del sofá, sobre la mesa, adentro de la heladera, en mis bolsillos, en la ducha, busqué en todos lados donde había dejado llaves anteriormente. Y mientras, mis entrañas me hacían huelga y me doblaba del dolor y mi desesperación se elevaba a niveles nunca antes vistos. Así que tomé coraje, fui al cuarto e hice lo único que podía hacer: desperté a mi ex y le pregunte dónde carajo había dejado las llaves del orto.
Mi ex, dormido, se levantó y las empezó a buscar. Y no las encontró. Evidentemente, no tuvo mejor idea que despertar al amigo a las 3 de la mañana de un miércoles para ver si él tenía idea de donde estaban. Él tampoco sabía. Al final estaban sobre la mesa del comedor, por lo que me supongo que se habían convertido en invisibles durante mi búsqueda. Mi ex las vio, me las entregó y empezó a caminar hacia el cuarto mientras yo abría la puerta.
Y, en una, detuvo su paso y lentamente se dio vuelta. Me miró con un ojo abierto y el otro cerrado. Despacito fue cobrando un poco de sentido mientras yo lo miraba con terror en mis ojos.
"¿A dónde vas?"
Lo fácil hubiese sido decirle la verdad, ya sé. Pero a esta altura, estaba petrificada de la vergüenza y no se me ocurrió nada mejor que decirle: "Confiá en mí, ya vuelvo" e irme.
"Confiá en mi, ya vuelvo". Posta. Como si fuese la mujer maravilla y me hubiesen llamado al celular implorando que fuera a salvar al mundo o algo.
Llegué al Conrad y pude llegar a su baño y durante 2 minutos fui la persona más feliz del mundo. Pero sólo duró 2 minutos porque, en el medio de mi felicidad, empezó a sonar el celular. Era mi ex. Ahora, me encontraba en otra disyuntiva. O atendía y todo el baño se enteraba de que estaba cagando en ese establecimiento por mis serios problemas mentales o ignoraba las llamadas y dejaba que mi novio se preocupara sobre la seguridad de la mujer maravilla. Obviamente, elegí la segunda. Intenté enviarle un SMS pero no lograba enviarlo. Aparentemente, la recepción en aquel baño era sólo para llamadas.
Al final lo apagué y me dispuse a continuar. Pero no podía. El celular me había cortado la inspiración y encima una brasilera estaba tirándose pedos en el baño al lado del mío. Limpieza mediante -nuevamente- salí del baño y volví al auto. En ese momento me cayeron más o menos 10 mensajes de texto de mi ex. ¿Dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Estás bien? ¿Te enojaste conmigo? Decime dónde estás y te voy a buscar. Por favor, ¿dónde estás? Y el último, muestra de su amor hacia mí: "Pedazo de pelotuda, no me digas que te fuiste a cagar al Conrad".
Volví y él estaba acostado. Me desvestí y me metí en la cama, intentando hacer lo imposible para evitar todo el suceso. Y ahí, mientras cruzaba los dedos mentalmente y mi estómago me pedía las gracias, mi ex me dijo: "¿Dónde estabas?"
"En el Conrad".
"¿Cagando?"
"Sí".
"No me mientas. ¿Tenés otro?"
"¿Otro? ¿Otro qué?"
"¿Estabas con otro?"
Y me reí. Fui re mala y me reí. Y esa fue mi primera pelea con mi ex, causada por mi peculiar trauma y demostrándome que, muchas veces, lo que uno tiene adentro apesta.
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Socorro
miércoles, diciembre 08, 2010
23 razones para casarse con D.I.T
Hace un año exacto que no publico nada. Soy una grosa, lo sé. Tambien hace un año que vengo escribiendo post tras post pero ninguno termina posteado porque me embola. Sin embargo, mi amiga Lu me pidió que posteara algo hoy. Así que abrí mi útil carpetita llamada 'Posts' y elegí el menos engorroso de subir.
Sí, lo sé, me esmero muchísimo por complacerlos.
Este postito nació un día en que leí algo llamado "30 razones para casarse con un periodista" o algo así. Ni siquiera guardé el link, así que tan interesante no era. Pero me hizo pensar en por qué alguien se casaría conmigo (más allá de mi carisma nato, excelentísimo buen gusto y el hecho de que me parto como un queso).
Así que bueno, como toda persona organizada, proactiva y diosa como yo, abrí el Word y empecé. A continuación, el resultado:
Sí, lo sé, me esmero muchísimo por complacerlos.
Este postito nació un día en que leí algo llamado "30 razones para casarse con un periodista" o algo así. Ni siquiera guardé el link, así que tan interesante no era. Pero me hizo pensar en por qué alguien se casaría conmigo (más allá de mi carisma nato, excelentísimo buen gusto y el hecho de que me parto como un queso).
Así que bueno, como toda persona organizada, proactiva y diosa como yo, abrí el Word y empecé. A continuación, el resultado:
- Si bien no barre, no limpia, odia los guantes de goma y no sabe ni qué aspecto tiene un plumero, tiene una calculadora científica para cuando llegue el momento de pagarle a la empleada.
- Sabe separar la ropa para ponerla en el lavarropas sin que se destiña.
- Si bien sabe cocinar, no sabe medir la comida, por lo que siempre va a sobrar y Ud. se ahorrará mucho dinero en almuerzos comiendo sobras.
- Es una tigresa en la cama, o al menos, eso le gusta pensar a ella.
- Si Ud. se casa con D.I.T es muy probable que ella se queje de Ud. en su blog archisupermega conocido, 'Catatonias', por lo cual Ud. se convertirá en famoso (al menos para 20 personas).
- Usa un shampoo muy lindo y eficiente así que Ud. nunca tendrá que quejarse de que tiene el pelo feo.
- Estudió Periodismo, por lo cual Ud. podrá utilizar sus talentos para escribir cartas de reclamos, tarjetas de navidad, listas de supermercado y llenado de formularios varios.
- Si bien no es muy buena con el dinero, Ud. recibirá regalos muy buenos para su cumpleaños y Navidad, incluso cuando ella no tenga con qué pagarlo (pero es la intención lo que cuenta, ¿no?).
- Es una loba en el piso del living ;) ;) ;) ;) ;) ;)
- Ud. siempre sabrá cuáles son los demás y demenos de Galería y los Fashion y Demodé de El País.
- ¿No le gusta el puré? ¿Odia el flan? ¡No lo dude más! En la casa de D.I.T nunca encontrará tan desagradables bocados.
- D.I.T tiene auto, así que le puede dar un aventón al supermercado a comprar una escoba si Ud. no desea desperdiciar su dinero en una empleada. Además, sabe levantar los pies y ponerlos sobre la mesita ratona en caso de que Ud. quiera barrer cuando ella esté mirando televisión.
- Con sólo matar una cucaracha, D.I.T estará tan agradecida que su rebeldía innata caducará por 24 horas (por lo tanto, siempre viene bien tener una caja de cucarachas para poder plantar una en el baño cuando su humor de perros lo moleste).
- Si Ud. logra casar a D.I.T, ¡felicitaciones! Ud. es un ser humano con poderes mágicos y/o mecanismos avanzados de lavamiento de cerebro.
- D.I.T sólo desea 2.5 hijos por lo que unos mellizos (así ya liquida todo en un parto) y un chancho la mantendrán contenta.
- D.I.T sólo desea tener hijos varones por lo que, si esto sale como ella planea, no tendrá que salir corriendo con la escopeta cuando un niño quiera salir con su niña.
- Si Ud. disfruta de las situaciones bizarras, lo ridículo y lo gracioso-porque-sino-lloramos-todos, Ud. adorará a la familia de D.I.T.
- ¿Quiere sorprender a D.I.T con un gesto romántico? Llevarle el desayuno a la cama es lo más simple que puede hacer y ella se lo apreciará: sólo necesita un vaso de Coca Light.
- Ella promete adelgazar el día en que sepa cuándo se va a casar, así que Ud. tendrá a una mujer súper flaca que puede correr por la playa en bikini sin impedimento rebotante alguno.
- D.I.T es un gato montés en todos lados ;) ;) ;) ;) ;) (Especialmente si hay una cucaracha, no sabe Ud. cómo salta la muy pícara.)
- D.I.T conoce el antiguo arte de dormir, por lo que no tendrá que bancársela despierta durante muchas horas los fines de semana.
- Ella cree tanto en sí mismo que es capaz de armar una lista de 20 razones por la cual cualquier hombre se moriría de ganas de casarse con ella, incluso cuando no planifica casarse hasta el 2045 por lo menos y le tiene fobia al compromiso.
- D.I.T comenzó a hacer una lista de 15 razones por la cual sería bueno casarse con ella, pero a medida que más razones surgieron, no tuvo problema en modificar el título del post. Esto demuestra flexibilidad ;) ;) ;) ;)
Etiquetas:
Divagues,
Pirá que me gusta
martes, diciembre 08, 2009
De la cabeza
El otro día, una niña de 11 años me preguntó algo que me dejó healda. No sé si tenía realmente 11 años pero como el hermano menor tenía 9, supongo que sí. Estábamos en un pequeño happening porque mi novio salió campeón nacional de los Superescarabajos en el campeonato nacional de automovilismo (sí, el autito que supo ser esponsoreado por Catatonias) y yo veía que me miraba.
Antes de seguir, quisiera levantar mi moción por incluir el término 'happening' más en nuestros vocabularios. Gracias. También quisiera levantar mi moción para que todos ustedes aprendan qué son los Superescarabajos así, cuando el año que viene mi novio les vuelva a romper el culo a todos, no voy a tener que gastar tres líneas de un post en explicar el título. Gracias totales. O como diría Maradona, que la sigan mamando.
El tema es que me miraba y me miraba y en una, se animó. Me tocó el brazo y bien bajito me preguntó:
"¿Vos sos flogger?"
Say Güat? La juventud está perdida. Ven un cerquillo rebelde que se rehúsa a parecerse a un cerquillo y una instantáneamente es catalogada de flogger. Y antes de que pregunten, no, no estaba vestida de fuscia, verde manzana, turquesa y blanco. De hecho, estaba casi que completamente vestida de negro. Así que, no sé, emo todavía… pero ¿flogger?
No sé cómo tomarme la apreciación. Me siento levemente discriminada pero, al mismo tiempo, elogiada. ¿Será que me visto bien? ¿Qué me visto mal? ¿Será que tanto dinero gastado en Cosmopolitan anualmente es al reverendo pedo? ¿Será que me tengo que cortar el cerquillo? ¿Será que tengo que cambiar de shampoo? ¿Será que los shampoos buenos de mierda salen un ojo de la cara? Sí, es eso.
Hace poco me mudé. Cuando vivía con mi madre y todos mis hermanos, tenía el tupé constante de usarle el shampoo a mi hermana. Mi hermana se quejaba y pataleaba y me decía 'Nenaaaaaaaa sale caroooooooo dejá el shampoooooooo'. Y yo no le hacía caso porque primero, a mí nadie me estira la vocales y, segundo, entre el Pantene miserable que usaba yo y el shampoo de ella con nombre concheto y gringo, me quedaba con ese (John Frieda para los entendidos).
Pero me mudé a lo de mi papá y en febrero me voy a vivir a lo de una amiga y me preocupa el tema shampoo. Mucho. ¿Cómo un shampoo puede salir 400 pesos la botellita? Y si encima le agregás el acondicionador, estamos fácil hablando de unos 600-800 pesos (sí, no verifiqué los precios y estoy tomando como cierta la apreciación de precios de mi madre pero como ya no soy periodista – y nunca lo seré – me cago en la revisación de datos. El País, cuando quieras contratame nomás).

El shampoo en cuestión. Sí es para rubias. No, no soy rubia.
Sí, me deja el pelo mejor que el que es para morochas. Sí, tantas
preguntas me están incomodando.
Si el sueldo promedio de un uruguayo promedio es de 10 mil pesos promedio más o menos y suponemos que el combo shampoo-acondicionador en su hipótesis de precio conjunto más caro es de 800 pesos (promedio), estamos hablando de que sólo el correcto cuidado del lavado del pelo sería un 8% del sueldo. UN O-CHO POR-CIENT-O.
Y encima me vengo a enterar que el shampoo ni siquiera es parte de la canasta básica. ¿A mí me están tomando el pelo? EVIDENTEMENTE NO, YA QUE NI SIQUIERA SE CONSIDERA IMPORTANTE.
(Obviamente esto ni lo verifiqué pero tengo la intuición – la sensación térmica – de que Mujica es un asesino y también sería un asesino de pelos.)
Estos bolches de mierda.
En fin, el tema es que, aparentemente, me parezco a una flogger. Y que si pongo 'shampoo de mi hermana' en la listita de cosas que quiero para mi cumpleaños, el ítem va a ser completamente ignorado por mis progenitores. Esperemos que Papá Noél tenga más compasión o vuelven las donaciones por la vida del gato (sí, sigue atado a la pata de una mesa).

BONUS TRACK: mi rodilla y mi brazo haciéndose los floggers.
Y mi amigo Nico.
Y un ejemplar de cerveza Mastra, la cerveza más mostra.
Antes de seguir, quisiera levantar mi moción por incluir el término 'happening' más en nuestros vocabularios. Gracias. También quisiera levantar mi moción para que todos ustedes aprendan qué son los Superescarabajos así, cuando el año que viene mi novio les vuelva a romper el culo a todos, no voy a tener que gastar tres líneas de un post en explicar el título. Gracias totales. O como diría Maradona, que la sigan mamando.
El tema es que me miraba y me miraba y en una, se animó. Me tocó el brazo y bien bajito me preguntó:
"¿Vos sos flogger?"
Say Güat? La juventud está perdida. Ven un cerquillo rebelde que se rehúsa a parecerse a un cerquillo y una instantáneamente es catalogada de flogger. Y antes de que pregunten, no, no estaba vestida de fuscia, verde manzana, turquesa y blanco. De hecho, estaba casi que completamente vestida de negro. Así que, no sé, emo todavía… pero ¿flogger?
No sé cómo tomarme la apreciación. Me siento levemente discriminada pero, al mismo tiempo, elogiada. ¿Será que me visto bien? ¿Qué me visto mal? ¿Será que tanto dinero gastado en Cosmopolitan anualmente es al reverendo pedo? ¿Será que me tengo que cortar el cerquillo? ¿Será que tengo que cambiar de shampoo? ¿Será que los shampoos buenos de mierda salen un ojo de la cara? Sí, es eso.
Hace poco me mudé. Cuando vivía con mi madre y todos mis hermanos, tenía el tupé constante de usarle el shampoo a mi hermana. Mi hermana se quejaba y pataleaba y me decía 'Nenaaaaaaaa sale caroooooooo dejá el shampoooooooo'. Y yo no le hacía caso porque primero, a mí nadie me estira la vocales y, segundo, entre el Pantene miserable que usaba yo y el shampoo de ella con nombre concheto y gringo, me quedaba con ese (John Frieda para los entendidos).
Pero me mudé a lo de mi papá y en febrero me voy a vivir a lo de una amiga y me preocupa el tema shampoo. Mucho. ¿Cómo un shampoo puede salir 400 pesos la botellita? Y si encima le agregás el acondicionador, estamos fácil hablando de unos 600-800 pesos (sí, no verifiqué los precios y estoy tomando como cierta la apreciación de precios de mi madre pero como ya no soy periodista – y nunca lo seré – me cago en la revisación de datos. El País, cuando quieras contratame nomás).

El shampoo en cuestión. Sí es para rubias. No, no soy rubia.
Sí, me deja el pelo mejor que el que es para morochas. Sí, tantas
preguntas me están incomodando.
Si el sueldo promedio de un uruguayo promedio es de 10 mil pesos promedio más o menos y suponemos que el combo shampoo-acondicionador en su hipótesis de precio conjunto más caro es de 800 pesos (promedio), estamos hablando de que sólo el correcto cuidado del lavado del pelo sería un 8% del sueldo. UN O-CHO POR-CIENT-O.
Y encima me vengo a enterar que el shampoo ni siquiera es parte de la canasta básica. ¿A mí me están tomando el pelo? EVIDENTEMENTE NO, YA QUE NI SIQUIERA SE CONSIDERA IMPORTANTE.
(Obviamente esto ni lo verifiqué pero tengo la intuición – la sensación térmica – de que Mujica es un asesino y también sería un asesino de pelos.)
Estos bolches de mierda.
En fin, el tema es que, aparentemente, me parezco a una flogger. Y que si pongo 'shampoo de mi hermana' en la listita de cosas que quiero para mi cumpleaños, el ítem va a ser completamente ignorado por mis progenitores. Esperemos que Papá Noél tenga más compasión o vuelven las donaciones por la vida del gato (sí, sigue atado a la pata de una mesa).

BONUS TRACK: mi rodilla y mi brazo haciéndose los floggers.
Y mi amigo Nico.
Y un ejemplar de cerveza Mastra, la cerveza más mostra.
jueves, noviembre 19, 2009
Coincidencias

Hace mucho que no escribo. El tema es que la realidad ha sido demasiado graciosa por sí misma como para sacarle acote o mecharle algún comentario al margen.
La campaña política nos ha dado tantas alegrías a los cínicos sin consciencia social que lo único que pudimos esbozar en muchos casos fue un 'sin palabras'. Y sin palabras no se escriben posts, che.
De verdad estoy re mintiendo. No soy una cínica sin consciencia social y no soy re heavy re jodida y la realidad es que Twitter se ha comido todos mis blurbs y no me queda nada para escribir en el blog. Pero ta, sonaba mejor hacerme la elitista intelectual. No le digan a nadie.
Además, soy una persona sumamente objetiva y sé que si hiciera comentarios sobre algo de las elecciones terminaría afectando a las encuestas de manera tal que la cantidad de personas que piensan votar a mi candidato se incrementaría en un 5.6%. Y aunque el poder está bueno, hay que tener cuidado con el poder. No sé por qué, pero mi vieja dice eso y ayer dijo que el gol lo iba a meter Abreu así que yo mejor le hago caso.
Claro que vuelvo a mentir y que la realidad es que el post va a ser más corto que lo usual y estoy tirando fruta hasta llegar a lo que verdaderamente (no) importa.
El Partido Nacional sacó un aviso para la gente del Interior (aquellos que nunca saben nada porque no tienen conesión a internés) con muchas mentiras y acusaciones mal-fundadas. El Interior se metió en sus ceibalitas y lo subió a Internet. El Partido Nacional quedó mal.
El Partido Nacional contrató a Agulla - el publicista de De Narváez - para hacer un par de spots re piolas. Resulta que Agullito estaba cansado de trabajar y le mandó un refrito de las publicidades que ya había armado para De Narváez (en Wikipedia aparece con tilde así que yo le pongo tilde) pero editado como para acomodarlo al mensaje que quería emitir el Partido Nacional al Uruguay (aquel país donde nunca saben nada porque no tienen conesión a internés). El país entero se metió en las ceibalitas y jugó a buscar las diferencias. El Partido Nacional quedó mal.
Esto es más bien un resumen ejecutivo de la cuestión así que no me juzguen si tengo mal la cronología de los hechos o si hay tecnicalismos que no están bien. Ya no soy periodista así que puedo hacer lo que se me cante. Pero el hecho está ahí, y lo bruto es que el Partido Nacional está siendo bueno... un poco bruto. Una pisada, una cagada, como los patos.
(No sé si los patos cagan tanto pero mi vieja una vez dijo eso y yo le creo por la evidencia demostrada anteriormente.)
Y voy a ser sincera. Si bien yo no voy a votar al Partido Nacional en las próximas elecciones (chupate esa, Pedro), ha llegado el punto en que me dan un poco de lástima. No sé, es como que el partido entero y su secuencia de intentos fallidos hace que nazca en mí un deseo irremediable de ayudarlos un poquito. Un poquitito nomás.
Así que Dios me perdone, pero acá va: déjense de joder con Feldman y la inminente dictadura que me quieren hacer creer se viene y concéntrense en devolver las críticas a los spots que tanto han recibido. ¿Vieron el aviso nuevo del Frente? ¿Esa donde todos desentonan 'A Don José'? No, el himno peperizado no, estoy hablando de este aviso:
Bueno, yo sólo les digo 52 palabras. Ustedes después hagan lo que quieran con esta información tan valiosa: Video De First Day Of My Life De Bright Eyes Que Se Puede Encontrar En YouTube Si Lo Buscan O Mismo En Google Si A Penadés No Le Da El Bocho Para Ingresar La URL Directamente O Que También Pueden Ver Desde El Mismo Blog A Continuación (Qué Maravillosa La Tecnología, Eh):
DISCLAIMER: no me hago cargo de cualquier insulto o comentario referido a lo pedorro de la acusación que esta comparación le pueda ocasionar al Partido Nacional. Tampoco me hago cargo de cualquier comentario que pueda surgir por la peperización de los emos que evoca esta comparación.
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Divagues,
Peperizando
jueves, julio 23, 2009
El origen de mis noctambulismos
Si bien suelo ser una persona reservada, estaría en lo correcto si digo que cada vez que ustedes leen un post en Catatonias, se enteran un poquito más sobre mí. De hecho, uno de los links donde la gente más hace click es aquel que lleva a mi pequeña biografía no-autorizada. Supongo que la gente siempre se interesa por el blogger detrás del blog, no conformándose con la parte de la personalidad que éste implanta en cada post y hurgando, de a poquito, sobre la vida real. Y ya que estamos, dejense de joder con el link a mi biografía y vótenme en el concurso ese de blogs que aparece a la derecha. Gracias.
Algunos, sin contentarse con la página de fans, incluso tienen el tupé de pretender que yo los agregue en facebook. Que quede claro, queridísimos lectores: los adoro, pero no son mis amigos. Mentira, tampoco los adoro. Adoro sus comentarios porque inflan mi ego a dimensiones desconocidas y me hacen sentir bien sobre mí misma. Además, que comenten me sube el auto-estima y todo el mundo sabe qué pasa cuando a una mujer le subís el auto-estima: come menos. Y adelgaza. Pensándolo bien, los adoro a todos.
Pero volviendo a lo que iba a decir, hay mucho que ya saben de mí. Saben que hago marketing, que soy muy buena en lo que hago, que tengo un laburo que está bastante bueno y que tengo un lado ninja-nerdo que se da de frente con mis huequismos carrasqueños, convirtiéndome en 5% más normal por cada hora que paso en Wikipedia. O algo así.
Pero hay cosas que no saben de mí. Y, tal como me lo comentó mi amigo Pablo el otro día, hay un algo tan esencial a mi persona que sería un crimen no compartirlo con ustedes. Es algo que si bien me ha dado sus problemas y sus frutos en diversas ocasiones, Uds, pseudo-amigos, podrían sacar tan buen provecho de mis experiencias que no tengo más remedio que postear sobre eso y ofrecer aún otra de mis mini-guías de supervivencia que tanto furor han causado en Guayana Francesa. Ta, eso último es mentira, pero me gusta imaginarme que lo que digo hace furor en algún lado.
Este talento mío nació cuando tenía tan sólo 4 inocentes añitos y vivía en Paraguay. Sí, viví en Paraguay. No, no hablo en paraguayo. Sí, en la escuela me tomaron el pelo por 'guisa' e hice todo lo que pude para cambiar el tonito. No, no nací en Paraguay. Sí, la araña del aviso de Movistar que habla en paraguayo es lo máximo:
Como decía, tenía tan sólo 4 años y mis padres hicieron una cena en casa. Puede que haya sido una cena o una fiesta o algo similar, pero realmente no lo recuerdo. De hecho, puede que me esté acordando de todo mal ya que siempre pensé que la casa donde vivíamos en Paraguay era enooooorme y cuando volví – el año pasado – me encontré con una pequeña casa pintada con rayas verdes hecha ferretería. Vayan sacando las pinzas.
(La única otra cosa que recuerdo de esa época es mirar fijamente a una cortina con dibujitos de bebés con mamelucos azules y lunas y pensar 'Me voy a concentrar bien fijo en esta cortina así después me la acuerdo y no soy de esas personas que cuando son grandes dicen que no se acuerdan de nada de su infancia.' Ustedes pensarán '¡Qué niña inteligente!' pero inteligente hubiese sido acordarse de algo que valga la pena.)
En fin, La fiesta o cena era para 'grandes'. Pero yo quería estar. Mis padres siempre tuvieron problemas para que yo me acueste a una hora normal y este caso no iba a ser excepción. Yo me quería quedar. Entonces, mi madre, sabia mujer, me dijo: "Bueno, te podés quedar, pero NO te podés dormir hasta que termine. Si vas a ir a una cena/fiesta de grandes, comportate como tal y los grandes no se duermen hasta que la fiesta termine."
"¡Ja!" pensé yo. "¡Ja!" pensé de nuevo. "Yo soy súper re archi mega ultra grande porque ya casi tengo una mano entera de años así que no va a ser problema."
Y así comencé con mi misión de quedarme despierta para demostrar mi intrínseca madurez. Fue mucho más tarde en la vida que me di cuenta que los nenitos maduros son insoportables, pero en ese entonces mi misión era ser grande. Por un día, me estaban dando la misma posibilidad que a un grande. Sí, sin duda, yo la gastaba. Mucho.
Claro que mi confianza se fue al diablo en aquel odioso instante en que terminé de comer y, con la panza llena, me senté sobre un sillón. Sentí cómo el sueño lentamente se adueñaba de mis ojos y cómo los párpados se me cerraban de a poquito. Encima estaba de mal humor y cuando estoy de mal humor, me viene sueño. Es instantáneo. Mal humor, en mi cabeza, equivale a siesta. No me pregunten por qué.
(Estaba de mal humor porque un cliente de papá había pensado que mi papá sólo tenía un hijo y que este hijo era nena y entonces mi hermano había recibido un pequeño pony azul re lindo y yo nada y encima era un regalo de nena y mi hermano se rehusaba a razonar de que si el regalo era de nena me lo tenía que dar a mí y que no valía porque si él no me dejaba jugar a los autitos ahora no me iba a dejar jugar con el pequeño pony que sin duda, ética y pragmáticamente, me pertenecía a mí no a él, idiota, no me mires así, el que sigue con el chupete sos vos, andá a cambiarte el pañal, tarado.)
(En realidad no sé si eso pasó esa noche pero igual aproveché para deslindarme del trauma.)
Entonces, hice lo único que podía hacer: me paré y empecé a caminar, pensando que así se me iría el sueño. Recuerdo lúcidamente cómo los párpados se me cerraban mientras caminaba obstinadamente y cómo, en algún momento digno de llamarse milagro, mi madre me hizo upa y me llevó al cuarto y me dijo que me durmiera.
Parece ser un cuento con final feliz pero… ¿tienen idea de la vergüenza que sentí al despertarme al día siguiente y darme cuenta que había fallado en mi misión? ¿Se dan cuenta de lo increíblemente frustrante que es desaprovechar una oportunidad para ser grande para una nenita con casi una mano entera de años?
Esperé calladita todo el día a que alguien hiciera alusión a la oh-gran-decepción que había sido la noche anterior, pero nunca nadie me dijo nada. Eso hizo que eventualmente me olvidara del asunto pero ayer, intentando recordar por qué será que siempre me divirtió laburar, estudiar y vivir más de noche que de día, me acordé de eso.
Y ta, ese es el secreto: soy experta en técnicas de quedarse despierta toda la noche sin dormir y en estrategias de encontrar motivación y entusiasmo donde solamente podría haber sueño, sueño y más sueño. Es más, soy tan experta y talentosa en la materia que iba a usar este post para dejarles una pequeña guía a Uds para compartir mis experiencias y descubrimientos con las únicas personas a las cuales les puede servir.
Pero, eso queda para el próximo post. Tengo un pequeño pony que encontrar.
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Concursame ésta,
Flashes peyorativos
lunes, junio 08, 2009
A pedido
Se fue Daisy Tourné. Hizo reír a un puñado de pequeños socialistas y después se fue. Así, se arrepintió y se fue. Pero antes de que los fans de Daisy me pidan este post para publicar en su facebook y que El País lo levante para demostrar que sólo 10 personas comentaron y entonces Daisy es un fracaso, voy a explicar una cosa. Yo a Daisy le tenía fe. Sí, le tenía fe. Yo la veía a Daisy, a una mujer grande, lesbiana, media fea si la mirás con un ojo cerrado, que se divertía en Fun Fun, que tenía sitio web y hablaba en un idioma Mujiquense de menor calibre, como una brisa de aire fresco en la política. Como alguien que tenía el potencial de quizás, tal vez, capaz, en una de esas, cambiar algo.
Esto fue en el 2007. Desde entonces, muchas cosas han pasado, demasiadas como para seguirle teniendo fe. Por más que viva dentro de un tupper, por más que la vida misma me encuentre desconectada de toda noticia o evento que supuestamente me tiene que interesar porque un equipo de producción de un noticiero o diario me lo dice, yo sé que no le fue bien. Que hizo las cosas mal. Que muchas otras personas, como yo, se desilusionaron.
Dicen que Daisy renunció porque se fue de boca en un encuentro con los jóvenes del Partido Socialista. Dicen que ofendió a medio pueblo – a su partido mismo y a la oposición – por decir cosas que no tendría que haber dicho. Que el propio gobierno le pidió la renuncia.
Si repasamos sólo por un segundo las cosas que Daisy dijo en ese encuentro, no encuentro una sola donde haya sido tan ofensiva. Dijo burro. Ohnoes. Dijo concucha, parafraseando a alguien se su mismo partido. Oh Margot. Dijo cagando. Dios mío. Y dijo hijo de puta. ¡Ay no!
Déjenme de romper las pelotas. ¿Qué dijo Daisy? Daisy dijo que la oposición la ve cómo una 'desequilibrada', 'lesbiana', que tiene 18 amantes y que vive en Facebook y en pedo en Fun Fun. ¿Esto es mentira?
No. De la misma forma en que la izquierda ve a la derecha como un puñado de trogloditas neandertales con camisa a cuadros y chaleco Legacy que hacen fruto de su fallutería sonriéndole a las cámaras mientras les pegan a sus mujeres, echan a sus hijos homosexuales de la casa y dictan su vida según los demás y demenos de Galería, la derecha ve a la izquierda como planchas mugrientos con olor a mandarina que pasan de orgía en orgía mientras compran remeras de Liber Seregni al por mayor y justifican su pereza con los obstáculos sociales, su falta de hábito de trabajo y su afición por el porro.
Daisy dijo que el parlamento da vergüenza, que da vergüenza ver a una legisladora diciendo 'vení, vení, vení' (en alusión a la diputada Sandra Etcheverry) y da vergüenza también oír a otra legisladora del Frente gritando ‘conchuda’ a los cuatro vientos. ¿Esto es mentira?
No. Da vergüenza, sí. De hecho, hace un par de días, hablábamos de esto en una reunión con amigos donde nos terminamos peleando todos por temas políticos. El tema del parlamento salió a luz y justo se dio que tres de nosotros habíamos estado en un par de sesiones de la cámara de Senadores para ver qué carajo hacían mientras el pueblo esperaba por una ley. Fue deprimente, deplorable, vergonzoso e increíblemente aburrido. Nadie le daba pelota a nadie. Es más, cuando se pelean eso quiere decir que al menos ALGUIEN estaba escuchando. Y el que nadie haga nada y el que el país no tome esto como un problema nos hace a todos, a todos nosotros que les pagamos el sueldo, una manga de conchudos.
Daisy dijo que los carteles de 'Tolerancia Cero' de la campaña de Hierro eran un slogan. Que cuando alguien le preguntó a Hierro qué quería decir, él mismo lo admitió: era un slogan. Y que, por esta razón, Hierro era un burro. ¿Esto es mentira?
Sí y no. Hierro es burro en afirmar que sólo se trataba de un slogan y no ofrecer medidas o estrategias o lo que sea de seguridad potenciales en caso de su victoria a cambio del slogan y sólo mencionar el problema sin dar soluciones. Pero no estoy segura si 'burro' equivale a 'demostrar que uno es un político de medio pelo'.
Daisy, supuestamente, ofendió a un pueblo. Según Lacalle, 'dio vergüenza'. Según Mujica, habló ‘de más’. Según Hierro, la ministra está 'fuera de control, dice palabrotas, comete groserías y ataca a los líderes de la oposición'. Según Mieres, sus declaraciones demuestran 'que está totalmente fuera de capacidad para el ejercicio de un cargo tan importante.'
Según Larrañaga, ofendió 'a todos los uruguayos' (aunque viniendo de un candidato que logró 'ofenderse' con los resultados de una encuesta que no lo suponía ganador en las internas, esto no me sorprende). Y Larrañaga también dijo, luego de una sarta de boludeces que ocupan más de dos párrafos, que los propios dichos de la ministra 'eximen de mayores comentarios.' Yo digo lo mismo, entonces.
Y según Nin Novoa, el mismo presidente fue el que le pidió a la ministra su renuncia, alegando que este incidente fue la razón de la misma.

Daisy dijo, y citando textualmente, que "El sueño dorado del uruguayo no es tener la casa propia, es tener el policía propio. El mismo que reclama más policías dice que todos los policías son corruptos, hijos de puta y ladrones, el mismo, pero quiere su policía. Tenemos una esquizofrenia con este tema". ¿Esto es mentira?
No. Pero tampoco es nuestra culpa. Es culpa de Daisy. No hay que ser muy vivo para darse cuenta que la inseguridad sigue vivita, coleando y en aumento. Lo que en algún momento se dudó si efectivamente era sensación térmica o no, ya no debería ser cuestionado. De hecho, los datos lo confirman. Datos que fueron recolectados muchísimo tiempo atrás y que el gobierno recién dio a conocer.
Y esta es la razón por la cual Daisy tendría que haber renunciado. No una sarta de boludeces seguidas de declaraciones pedorras de todos los candidatos y afines.
El hecho es que Daisy dijo muchísimas cosas mientras un grupete de jóvenes socialistas y todo el mundo presente se reía a carcajadas, cosas donde no le pifió tanto, y luego se fue. No importa si se fue por motus propia o porque Tabaré se lo pidió. Lo que importa es que se fue por hablar de más, por expresar su frustración y por decir cosas que no sé si son tan erradas. Lo que importa es que se tendría que haber ido porque no pudo con su trabajo.
Yo la única moraleja que encuentro es la siguiente: siempre es más fácil encontrar un chivo expiatorio que admitir – a uno mismo y a un país entero – que se las cosas se hicieron muy, muy mal.
[Uds. querían un post sobre Daisy. Bueno, ahí está. No creo que sea lo que esperaban pero es lo que es. Y, como agregado, digo: a ver si la opinión pública se deja de debatir sobre pelotudeces y se pone a pensar en cómo solucionar el problema de la inseguridad, en cómo bajar la tasa del desempleo que subió, en cómo bajar el costo de vida y en cómo milagrosamente crear a un candidato que valga la pena en tan sólo 20 días.]
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