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Caramba

miércoles, junio 20, 2007

Tenía terrible columna de Sex and the Tortellini sobre ascensores. Ayer me volvía en el taxi más ladrón de la historia y pensaba cómo se me había pasado ese sublime monumento de acero que sube, baja y se rompe (especialmente si es feriado). Nunca siquiera mencioné sus variadas funcionalidades espejísticas e ignoré al ajuar de diferentes personajes con el que me encuentro dentro a diario. Me imaginaba algo muy a lo Benedetti, bien bueno, sin los barroquismos estilísticos en los que usualmente caigo al escribir.

¿Se imaginan lo
bueno que hubiese estado? Yo en el Centro, trabajando (tal como se debe en un feriado laborable) y en vez de comentar algo sobre la tripleta de feriados (todos laborables, dios), ponerme a discutir sobre el maravilloso mundo del ascensor y las connotaciones sexuales-fantasiosas que eso conlleva.

Onda, acá no pasó nada. Onda, no me picó el morbo montevideano y no me mandé por lo menos tres veces la caminata hasta 18 de julio para ver si pasaba alguna manifestación. Onda, no me sentí una idiota cuando me di cuenta que, si hubiera averiguado algo antes, ya sabría que por mi zona no pasaba nada.

Onda, en serio, media pila: el ascensor. ¿Quién no ha utilizado sus servicios meteorológicos alguna vez? ¿Quién no se ha fijado si tiene orégano entre los dientes, haciendo uso de sus inmaculados espejos? ¿Quién no ha caído en la fabulosa tentación de, a pesar de ser un ‘adulto' (porque de adultos no tenemos nada acá en Uruguay), apretar todos los botones y cagar al zopenco que viene atrás?

¿Quién no tiene anécdotas de personas que lo llaman desesperadamente, apretando el botoncito una y otra vez, como si eso fuera a apurarlo? ¿A quién no lo han cargado en un ascensor? ¿Quién no ha entrado a uno y se ha encontrado con un espécimen humano tan pero tan espectacular, que ameritó el que uno ojee el botoncito que lo tranca? Mmm, el ringringring de un ascensor mal cerrado. Y el que se encuentre libre de culpa, que suba por las escaleras.

Allí me encontraba, sumergida en mis propios pensamientos vía Rambla-Sarmiento-Rambla, cuando una clara voz femenina interrumpió todo pensamiento que me desviaba de la realidad. No había otra. Onda, acá sí pasó algo, y la chica que invadía mi aura sonora me lo recordaba. Emanaba insistentemente de la radio roja y plateada del palio negro y amarillo del taxista de buzo bordeaux y blanco. Y decía:

"El presidente dice nunca más al terrorismo de Estado y manda una camioneta de la guardia republicana, a reprimir compañeros que comparta o no sus métodos, estaban manifestándose pacíficamente".

Ay, ay, ay, ay, ay. Ahora quemar llantas es algo pacífico. Ajá.

Qué lindo, qué inteligencia. Esas personas a las cuales querés convencer de que esto es una causa digna de justicia, aquellas personas que hablan del 'terrorismo tupamaro' cada vez que alguien siquiera toca lo que fue el terrorismo estatal, a esas personas que te ven como un salvaje ignorante que solamente quiere disfrutar de un libertinaje anárquico en tu fase de adolescente con hormonas exacerbadas comprometido con causas políticas debido a tu patética frustración sexual...


¿pensás que esas personas te van a escuchar cuando estás quemando llantas por 18 de julio?
¿Pensás en serio que los australopitecus neandertales a los cuales les querés entrar algo en la cabeza van ahora a mirar más allá de tus acciones y a escuchar tus justos reclamos? Disculpá, no, ¿pero a vos te pateó un raviol?

En fin, feliz día del abuelo atrasado. Fue lo único festejable ayer.

*Debo posts. Sí, ya sé que no escribo nada desde marzo. No, mi blog no está hibernando, aunque me muera de ganas de ser oso en este momento. Solamente no tengo mucho qué decir.

Sex and the Tortellini: 10 Cosas Que Odio Sobre Tí

domingo, febrero 25, 2007

Amo trabajar: es muy lindo eso de sustituir el rasque de bolas casero por uno profesional. Sin embargo, no todo es siempre color blanco fosforescente de tubolux. De vez en cuando las cosas se tornan un tanto odiosas y he aquí solamente algunos ejemplitos de esto:


1. E-mails con lo siguiente: "Llego más tarde. Como a las 10".

Ya que estás por qué no llegas 10:30 y te pasás media hora llamándome al celular así no llego más a las 15.

2. Que alguien de mi equipo falte por enfermedad y no sea yo.
Estrés, estrés, estrés, estrés, ¡ESTRÉS! Pucha, no necesitaba esto de aprender a no faltar más.

3. Reuniones de SCRUM con desarrolladores.
"Ayer hice lo mismo que anteayer. Hoy hago lo mismo que ayer. Mañana hago lo mismo que hoy. Pasado mañana también". Bienvenidos al maravilloso mundo del Marketing.

4. "Y... ¿cómo anda eso?".
Si todavía no fui hasta tu escritorio, no te llamé, no te mandé un mail o no te hablé por MSN, es que no terminé. Digo, maneras de comunicártelo, hay.

5. Trabajar un feriado laborable...
O sea... encima de esperar 2 horas para que pase el bondi, comer rápido antes que cierre la panadería, ver que no hay nadie por la calle y que me fajen con el taxi a la vuelta...

6. ...y que el jefe no vaya.
¡¿vos no sufrís?!

7. Las reuniones rezagadas.

En el preciso momento en el que uno emita un "chau", "me fui", o "¡hasta mañana!", alguien más les responderá con un "che, nos reunimos ahora, ¿dale?".

8. "Bo, ¿no era que vos no venías a trabajar hoy?".
Ah, ¿no me digas? Gracias por recordármelo.

9. El abuso del aire acondicionado.
Sólo porque afuera el Diablo decidió ascender a contar abogados en el Centro y trajo al Infierno consigo, (porque estaba aburrido, claro), no significa que la temperatura media dentro de la oficina tiene que ser pingüinesca. Las almas van al Cielo, no a la Antártida.

10. Situaciones acumuladas.
Me aparezco el viernes, que supuestamente me tomé para estudiar, dos horas tarde porque me dormí. Sí, hoy no venía a trabajar. Sí, estoy acá. No, no porque "ya que estoy acá" te puedo ayudar con una cosita. Me tengo que ir a las 2, estoy apurada. Sí, ya sé que son las 2:30. Ya sé que llego tarde. Ta, terminé, me voy, hasta el lunes. ¿Qué qué? ... NO, NO PIENSO REUNIRME AHORA.

Sex and the Tortellini: Entre Sniffs y Otras Cosas Más

viernes, febrero 09, 2007

En poco tiempo, el trabajar se convierte en un relojito rutinario con ruiditos de teclado en vez del clásico tic-toc. El mismo horario, el mismo ciclo de tareas (todo llega a un full circle eventually), los mismos compañeros, las mismas salidas, los mismos almuerzos... se estarán imaginando al burócrata sumergido en papeleríos esperando segundo a segundo la hora de la salida, mientras la taza de café a su derecha se rellena diecinueve mil veces al día y sus ojos salomonenses saltan de sus órbitas poco a poco, ya rojos y desgastados por estar encerrado en un cubículo oscuro solamente acompañado por el zumbido del ventilador de la computadora.

Tengo la suerte de decir que, para mí, no es así.

Aunque sea la mejor pichona de diva que flota por la internés, le tengo miedo a todo. Al fracaso, a los perros, al flan, a las grasas, al morir sola, al
ridículo, a la humillación, a mi gato... son de todo tipo de miedos, de distinto índole y calibre. Por suerte, hay muchos que ya los superé; por ejemplo, ya no le tengo más miedo a manejar y varios de ustedes conocerán las velocidades a las cuales me gusta hacerlo (esta columna se la dedico al Schumacher de Crónica).

En fin, trabajar fue uno de aquellos miedos, especialmente condicionado por mi cualidad de croqueta y mi avasallante síndrome de desatención (¿por qué creen que cambio de tema cada dos por tres inclusive en un simple post?), que no tuve más remedio que superar.

<3>
Hace un año y medio (casi) que estoy laburando en el mismo lugar. Es el segundo trabajo posta que tuve en mi vida; el primero fue como periodista para una revista online que ya no existe y era medio freelance, por lo que nunca tuve que 'lidiar' con compañeros de trabajo.

Es que hoy por hoy, ir a trabajar es el perfecto equivalente de pasarme el día con algunos de mis mejores amigos: charlamos, nos cagamos de la risa, comemos juntos, nos tomamos el pelo, jugamos con Wilson (la pelota de fútbol americana, no el programador), con Sheyla, la pelota inflable amarilla y negra que tiene escrito ‘vamos arriba el bolso’ en drypen rojo (no Raquel), nos llamamos por los internos cuando nos mudan de isla y nos extrañamos y festejamos cuando nos mudan más cerca. Y encima... ¡nos pagan! Bueno... 'nos pagan'. Whatever.

Todo esto va a que mi rutina, mi trabajo, mi día a día, es lo más alejado a esa imagen deprimente que se tiene de la persona tipo que trabaja de 9 a 17 (bue, 12 a 19, si me despierto) y a pesar de que sí, la peor luz bajo la que puede verse una mina en un espejo es la de los tubolux, y a pesar de que sí, al final del día es un laburo y las tareas hay que hacerlas – algunas con más ganas que otras – adoro el lugar donde trabajo, aquel escenario de inspiración para todas estas columnitas que escribo intermitentemente.

Ahh.. aquellos tiempos

Y
adoro a la gente con que laburo. Por eso, el hecho de que alguien esté pensando en irse me pesa tanto como me pesa. No sería la primera vez que sucede, pero eso no quiere decir que uno se acostumbra. Como en todos los grupos de amigos, hay etapas en que te dejás de hablar con unos y te llevás más con otros; hay veces en que la vida fuera del cuarto-piso-arriba-de-Planet-Travel te lleva a diez mil kilómetros por hora y te olvidás que mañana tal vez uno no trabaje más. Y como todo, existe ese miedo de que una vez que alguien se va, se dejan de dar (jijiji), hablan menos, se dejan de ver.... y es peor cuando es alguien a quien realmente considerás un amigazo.

Con lo miedosa que soy yo... ¿cómo no se lo imaginaron? Con lo dramática que soy, ¿cómo no se esperaron el post?

Bah, fuck it:

LU... NO TE VAYAS!! =(

Sex and the Tortellini: Pepeperepepe

domingo, diciembre 31, 2006

Me siento ante mi notebook plancha (le faltan algunas teclas) a escribir el quinto fascículo de Sex and the Tortellini. Tal como me lo fue establecido por demanda popular, se trata sobre las despedidas de fin de año de una empresa tipo y todas las divertidísimas y/o alocadas características que estas conllevan. Es fascinante juntar a un puñado de hombres y mujeres que trabajan juntos y ver como las cosas comienzan a desvirtuarse en proporción a la medida de alcohol en la sangre.

Dejémonos de festejos: una despedida de fin de año es una competencia entre todos los presentes para ver quién aguanta más. Lo interesante es que es una competencia que encuentra dentro de sí a otras competencias menores – siempre habrán dos hombres que luchen por obtener el título de "Mayor Tomador de Cerveza En Despedida 2006", uno que siempre intentará consagrarse como el "Hombre Más Ladilla y Cargoso y Probablemente Calvo" y una que no pare hasta convertirse en la "Mayor Para-Pitos Cuando Se Encuentra en Estado de Ebriedad". Claro que la locomotora de la empresa intentará obtener todos los premios, sin importar a qué sexo pertenezca. Y, probablemente, lo conseguirá.

Alcohol, hormonas exacerbadas, retroceso mental acompañado de cánticos demandando el ya clásico "piiiiiquiiiitooo, piiiiiquiiiitooo", los "ah, no me acuerdo" del día siguiente... la verdad es que sí, sería un lindo post. Tendría que escribirlo.

Pero ahora no puedo, anoche fue la despedida de fin de año con la gente del laburo y tengo una resaca que me muero (el 8 de enero, cuando vuelva a trabajar, probablemente reciba mi consagración por aguantar 12 horas de joda co
ntinua).

Feliz año, gente.
Se solicita una tirada de Bloody Marys a la marchanta... urgente
Catatonias: el que no comenta es puto.

Sex and the Tortellini: Jugando a Papá Noel

domingo, diciembre 24, 2006

El jojojo de Papá Noel ya resuena en el colectivo mental capitalino, al son de cánticos borrachos provenientes de fiestas de fin de año e imágenes de arbolitos decorados con chirimbolos resplandecientes. La gente sonríe con más frecuencia, los niños esperan ansiosos y escriben e-mails a papanoel@tata.com.uy / @tiendainglesa.com.uy / @portones.com.uy / @geant.com.uy y los puestitos de jazmines proliferan en las esquinas, peleándose con aquellos que venden fuegos artificiales.

Señores y señoras, han llegado las fiestas. Y con ellas, claramente, los festejos en todo ámbito de nuestra vida – especialmente el laboral. A continuación, veamos un mero ejemplo de este tipo de festividades.

El amigo invisible
Supongo que la práctica de esta simpática forma de quedar bien con todo el mundo sin pagar más de 100 pesos es común a la mayoría de los trabajos montevideanos y del mundo.

En teoría, es una idea genial; se compra una botella de vino y se la regala a la persona cuyo nombre se encuentra en el papelito que tomamos al azar. Espectacular. Si una botella no nos convence, existen millones de alternativas también: una billetera, una lapicera, bombones, tazas, un gato... bueno, tal vez un gato no sea el estándar, pero en algún lugar tenía que mechar que a mi amigo invisible del laburo le regalé un gatito. No shit, a veces me sorprendo a mí misma de lo ídola que soy.



Vamos todos.... awwwww!

Lo interesante, sin embargo, sucede una vez que dichos regalos se entregan, ya sea durante un break laboral o mismo en la afamada fiesta de fin de año de la compañía. Si alguien es lo suficientemente croqueta como para no saber quién se lleva con quién dentro de la empresa, solamente basta con presenciar este acto de regalar para saberlo.


Todo regalo que suponga un gasto mayor al máximo establecido (y vamos, si realmente te llevás con la persona, es prácticamente un requisito que gastes por lo menos 100 pesos más) es entregado a una persona que es amiga; y más si es 'personalizado'. Por otro lado, si uno es lo suficientemente pera y amargo para no haberse dado cuenta antes, tal vez tampoco haya siquiera asistido a dicha entrega navideña.

No estoy hablando de que si a Marianita de contaduría le gustan mucho los bombones entonces Pedro de recursos humanos es el mejor amigo por una pedorra cajita con dos Ferrero Rocher (pero seguí así Pepe, me contaron que Marianita se pone cariñosa con un poquito de alcohol encima; asegurate de rellenarle el vaso durante la fiesta de fin de año).

Tampoco se trata de que Fabio sea recontra cercano a la nueva secretaria, que tiene su escritorio forrado con fotos de tomates y siempre viste de rojo, por regalarse una tanga carmesí. No, señores, Fabio es un desubicado que se quiere hacer el güiner y no le sale (porque además, cuánto apuesto que el asqueroso encima se la compró en la feria y con un 40% de descuento por ser usada).


¿Cuál es para el amigo invisible y cuál es para mamá?


Realmente, no sé de que se trata, pero en todo caso, hacer de Papá Noel una noche es sumamente importante si se quiere mantener un nivel de conversación saludable a la hora del almuerzo antes de que todo el mundo se vaya se licencia. Esto, obviamente, no se remite solamente a posteriori; aquella regla implícita que consta en no decir quién fue que te tocó este año para regalarle fue creada para ser rota. Y si no me creen, pregúntenle a cualquier persona perteneciente al sexo femenino que trabaja con ustedes cuántos compañeros acudieron en su ayuda para comprar el regalo de su amigo invisible.

Si de todas maneras lo único que les importa es recibir su botella de vino barato e irse a tomarla mirando reruns de Six Feet Under, no pueden decir que no les divierte averiguar quién fue el pobre infeliz que le tuvo que regalar al jefe – y qué le regaló exactamente. Más aún, cuál es la reacción del jefe ante el regalo: un incómodo "eh... gracias... por este... eh... ¿qué es esto?" justo antes de excusarse para ir al baño y culpar al water de haberlo atacado y amenazado con cortarle todo si no le entregaba el regalo. Re loco, hasta la cadena se tiró sola.


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¡Feliz Navidad! Y no me vengan con que son judíos o ateos o wicca o lo que sea, porque la Navidad dejó de ser cristiana en el momento en que la descubrieron los shoppings. Y a modo de milagro navideño, les dejo mi regalo, un tanto inusual para Catatonias: les concedo una primicia periodística y exclusiva de este medio.

Debido al gran éxito de aquella publicidad en la cual una niña, inconforme con los regalos que Papá Noel le fue dejando a lo largo de los años, le solicita a su padre que él sea quien se los compre esta Navidad, millones de niños que alguna vez han experimentado la desilusión de no encontrar un playstation debajo del árbol han optado por lo mismo. Papá Noel se ha convertido en un desempleado más y se mudó a Cabo Polonio, resignado a vivir de la venta de artesanías.

El calor de estos días lo ha obligado a afeitarse y perder 20 kilos. Fuentes cercanas también aseguran que en el 2007 se cambiará el nombre a Patricio J.O. Nogueira y comenzará su carrera política en vistas de postularse para candidato a presidente en las próximas elecciones con el apoyo de su propio partido político, compuesto por todos los miembros más bajitos del senado. La elección de los mismos estaría marcada para marzo en el pelotero del McDonalds de Montevideo Shopping.


A continuación, el análisis subjetivo de esta noticia: :(

No dejen que sus niños lean Catatonias. Es hardcore.

Sex and the Tortellini: Las tareas familiares

martes, noviembre 28, 2006

Ah, el ambiente laboral. Tan nuevo, tan ameno, un escape a la realidad más allá de la realidad que, en realidad, es una realidad realmente muy real. Sin embargo, mis estudios han encontrado una faceta fascinante a este ambiente: su dinámica con los demás círculos en los cuales se mueve el ser humano. Uno trabaja, sí, pero también cuenta con una familia, con los amigos, con lo que en la época liceal llamábamos 'actividades extracurriculares' y, los más tristes, con la facultad.

Tú, humano servil, que piensas unirte a las fuerzas laborales de este país por unos cuantos pesos que no te van a dar a fin de mes; tú, hermana, que tienes seis horas libres por día para dormir la siesta y cuyos padres urgen para que 'hagas algo con tu vida porque mirá nena que no vas a vivir en casa todos los días que dónde creés que te criaste nena'; tú, hermano de pelo rubio agua-oxigenada, que has visto la luz y quieres comprarte unas bases nuevas de forma honesta; tú, camarada festejante, que buscas ser parte del proletariado fashion del sector privado... pon atención a los siguientes consejos (a la pucha que la palabra urgir suena fea). Catatonias ofrece unos meros ejemplos, explayados en varios capítulos, de casos que recuentan lo sucedido a compatriotas promedio una vez que empezaron a trabajar.


Caso práctico número 1 (uno): La familia

En aquellas épocas anteriores al empezar a laburar, la familia siempre ha podido depender de uno para actividades varias. Una vez que uno efectivamente empieza a trabajar, esto cambia: indefectiblemente, madres, padres, hermanos, hermanas, tíos, primos y abuelos comienzan a pedirte más cosas.

"Nena, mañana tenés que ir al trabajo temprano porque necesito que de tarde me vayas a comprar fiambre, que me pagues las cuentas en el abitá, que me lleves al perro al psicólogo y que me saltes en una pata". Palabras conocidas por el laburante promedio que aún tiene la desgracia de vivir con los padres, quien atónito a lo sugerido, pregunta con car
a de monja viendo 'Y tu mamá también': "... pero... yo cumplo un horario de 11 a 5... no creo que mi jefe me deje con tan poca antelación".

Error. No, no intenten explicarle al pariente las reglas básicas del trabajo, muy especialmente si aquel no lo hace. Van a tener que ir a comprar jamón al supermercado, van a tener que comerse media hora del cola para pagar las cuentas, van a tener que tomarle la mano al pobre perro mientras solloza al contar como los otros perros del barrio sólo quieren montárselo; no sólo eso, sino que van a tener que bancarse al pariente ofendido por cinco días hábiles, quien, ante semejante disparate que acaban de decir, alzará sus manos en alto y exclamará:


"¿¡Qué!? ¿¡Tu jefe!? ¡Por Dios nena, yo soy tu madre/padre/hermano/hermana/tío/tía/primo/prima/abuelo/abuela/etc!".


Y si se trata de un cónjuye... ay. Tomen mi consejo y hagan lo que hagan... hagan lo que se les pide. Al menos que realmente no puedan y, en ese caso, ayuden a una vieja a cruzar la calle durante el día en cuestión para asegurarse un lugar en el cielo. Uno nunca sabe.


Qué grande la flia, bo.

Sigamos. Rápidamente y sin titubear, piensen cuál es su puesto en su trabajo actual. Bárbaro. Ahora, piensen en un puesto dos rangos inferior en la jerarquía de la empresa. Para sus familiares, ese es su trabajo (si es que siquiera se acuerdan del puesto).

Veamos lo que descubrí en un impromptu focus group que organicé la semana pasada en el cumpleaños de mi primo mientras le echaba limón a la molleja que asó el tío: al menos que seas médico, las chances de que solamente tu hermanito de doce años conozca tu verdadero puesto son cercanas a nulas. Esto se repite con los amigos, tema candente que alguna vez quizás me dignaré a analizar si no me aburro antes.

La próxima vez que menciones que trabajás en Tata, no te sorprendas cuando te pregunten si sos gondolero. Y ya que estamos, qué bueno sería un supermercado donde en la entrada te den un barquito inflable y vayas remando a comprar el fiambre.

Sex and the Tortellini: Son Amores

sábado, octubre 28, 2006

Si hay algo que se aprende luego de unos pocos meses en un empleo, es que una jornada laboral puede ser el equivalente a un episodio de aquella galardonada serie Amigovios, donde Nicole Neumann se hacía la cantante en vez de demostrar sus habilidades playísticas y cada personaje cambiaba de dragoncito como si fuera calzón de chico obsesivo-compulsivo.

Las amistades y los amores en el ambiente del trabajo son complejos, presuntamente evitables, discriminados y, sin embargo, bastante frecuentes. He aquí la primera de algunas burdas clasificaciones de los mismos, para que no digan después que nadie les avisó.

El jefe y la secretaria

Comencemos por lo básico: si en una oficina entra secretaria nueva, es solamente una cuestión de tiempo antes que alguien se la levante. En estos tiempos adelantados y modernos la pobre secretaria no sólo tiene que evitar cuanto flirteo se le presente de la población masculina de una empresa (usualmente comenzado por un inocente “¿vos sos la nueva secretaria? Vení, sentate en mi falda JE JE JE”). No, la realidad demuestra que también debe sospechar de aquella compañera divina que le compra una planta en el día de la secretaria y se preocupa por regar a la mierdita verde postrada en la recepción seis veces al día, justito cuando una busca un archivo en el último cajón del ropero símil archivero detrás de su escritorio.


Es más, el título de la categoría puede ser un tanto engañoso – quien se carga a la secretaria hoy no es el magnate corporativo lleno de dólares que aparece en las películas. La crisis del 2002 ha dejado al Uruguay con muy pocos ejemplares de este power ranger que lucha contra los gastos y lleva prendido al cuerpo mujeres despampanantes sin siquiera necesitar la nueva fragancia de Lynx (o Axe, ya ni me acuerdo como se llama acá).

Secretarias, amigas... cuídense de quien trae el bidón de agua Salus todos los martes, cuídense de la chica nueva que dice no tener novio desde los 12, cuídense de los ojos exorbitantes del jefe casado, cuídense.

Al menos que le tengan ganas a alguien, claro. En ese caso, aquí van unos consejos:

- No entren en una de estas sin antes conocer más sobre los compañeros de trabajo: por ahí se meten con el güiner y terminan a los dos meses llorando con el resto de sus victimas cada vez que bajan a fumarse un pucho.

- Nunca confíen en el departamento de Marketing. En la primera salida, se emborrachan y cuentan todo, abrumados por el estado de su conciencia luego de espamear 10 foros diferentes con links hacia algún producto.

- No se dejen engañar por promesas de que nadie se va a enterar. Por que el día en que se termine el amor y se bloqueen uno al otro en el MSN, dedicándose letras de canciones en inglés en sus display names y evitando comer a la misma hora, se van a dar cuenta que hasta el portero sabía sobre lo suyo.

- Sepan que el día en que esto suceda, la situación va a ser más incómoda que sexo telefónico en una cabina de Antel. Encima, el locomotora y el burun bun pshhh exprimirán todo contenido semi-chistoso de la situación.

Sex and the Tortellini: Fascículo Primero

domingo, octubre 22, 2006

En base a lo prometido el 21 de octubre de 2006 (eh, ayer), qué mejor forma de comenzar que con un listado de algunos de los personajes que uno puede encontrar inmersos en este complejo entramado de relaciones interpersonales laborales:

El jefe
Persona, usualmente perteneciente a la población mas
culina, que supera en edad a solamente el 45% de la empresa y a la cual nadie toma en serio – o eso dicen, digamos que al fin de cuentas, igual se hace lo que él quiere.

La locomotora
Siempre se va expreso al carajo con algún comentario


El jipillo
Bohemio de corazón, vuela por la empresa preguntándose qué está haciendo cumpliendo un horario oficinal.


La secretaria
Persona que fue contratada para, entre otras cosas, atender el teléfono y la puerta pero nunca se encuentra porque siempre la mandan a hacer trámites. Su ausencia es muy odiada por el fifí.


El fifí
Persona obsesiva-compulsiva que tiene el cubículo más ordenado, la cabellera más peinada, utiliza más servilletas a la hora de comer que nene chico descubriendo Internet y no se banca cuando el timbre o el teléfono suena más de dos veces.


La fashion
Mujer que entra tal cual si estuviera sobre la pasarela y después se queja cuando le miran las tetas.


Burun bun pshhh
Persona que abre la boca para decir chistes de media frase. Popular en los almuerzos y en cumpleaños con masitas.


El güiner
Hombre que ha tenido cuanto puesto exista en la empresa y se la ha puesto a cuanta mujer exista dentro de ella también.


El subliminal
Aquella persona que cada vez que mira a una mujer, parece que se la está imaginando desnuda. También aquel que prende el aire acondicionado y en seguida comienza a inspeccionar el busto de toda compañera circundante.


El güiner subliminal
Se las carga a todas hasta el punto de tenerlas muertas, pero él siempre es ‘sólo un amigo’ que se las imagina en bolas.


La idola
Yo. Sólo hay una en todo el Uruguay.

Post dedicado a Alfred, la locomotora más veloz en atacar al Paraguay.

Sex and the Tortellini

sábado, octubre 21, 2006

El ambiente laboral es un fenómeno social del cual nadie te advierte. Uno piensa que empezar a laburar consta en desplazarse físicamente a un establecimiento, desempeñar tareas previamente estipuladas mediante un contrato o conversación a modo de 'entrevista' por determinado horario acordado y luego retornar humildemente al hogar esperando que llegue el único día al mes en el cual se le paga por sus servicios.

Mentira, patrañas, boludeces idílicas. Ir a trabajar es una actividad sumamente compleja que incluye todo tipo de convenciones sociales que van más allá del desempeño de uno y están decoradas con todo tipo de melodrama digno de la última telenovela de la Oreiro.

Desde tener que ignorar todo residuo de alcohol resaquense que te circula por las venas y decir ‘buen día’ cuando entrás, a bancarte que te miren las tetas porque la musculosa que llevás puesta vislumbra algo que, si lo mirás con un ojo medio entreabierto mientras doblas el cuello 7 grados anti-horario y pensás en la Playboy que viste anoche, puede llegar a ser un semi-escote, trabajar está lleno de pequeñas alegrías cotidianas, divertidos personajes y power rangers.


Es por esto que Catatonias, siempre preocupado por el bienestar y la salud mental de quienes leen, inaugura un espacio de estudio estrictamente sociológico basado en una muestra poblacional completamente objetiva de una mediana empresa tipo uruguaya. En otras palabras, hay tantas idas y vueltas en mi laburo que la verdad que merecen su propio espacio quasi-noticioso.


Mantengan los ojos abiertos, se viene Sex and the Tortellini.


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